
Ciudad de México, México.- Carlos Slim Helú, ubicado por Bloomberg en el lugar 16 de los hombres más ricos del mundo y reconocido como el empresario más acaudalado de América Latina, ha reforzado en los últimos años su posición como socio estratégico de Petróleos Mexicanos (Pemex), al convertir al sector energético en uno de los pilares centrales de su diversificación empresarial.
Más allá de su histórico dominio en las telecomunicaciones, una parte relevante de la expansión de su fortuna se ha sustentado en la construcción, la infraestructura y, de manera cada vez más decisiva, en los hidrocarburos. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, las empresas vinculadas al magnate han acumulado más de dos mil 500 contratos, licitaciones y adjudicaciones con el Gobierno federal, por un monto que supera los 61 mil millones de pesos.
Entre los proyectos más visibles se encuentran obras emblemáticas como el Tren Maya, la reconstrucción de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México y, de forma estratégica, múltiples contratos con Pemex, donde Slim se ha consolidado como uno de los principales proveedores de servicios especializados.
La incursión del empresario en el sector petrolero no se limita a la obra civil. A través de Grupo Carso y de sus filiales CICSA y GSM, ha participado en perforación de pozos, exploración en aguas profundas y construcción de infraestructura marina, áreas clave para la operación de la empresa productiva del Estado.
Uno de los proyectos más ambiciosos es el contrato maestro del Campo Ixachi, en Veracruz, considerado el yacimiento terrestre más relevante descubierto en décadas. Firmado en septiembre de 2025, el acuerdo prevé la perforación y terminación de hasta 32 pozos en un periodo de tres años, con una inversión cercana a los mil 991 millones de dólares. A ello se suma otro contrato obtenido entre 2021 y 2023 por 196 millones de dólares, a través de la filial GSM-Bronco, para trabajos de exploración y perforación en campos terrestres de Pemex.
La relación de Slim con el sector energético se remonta a 2019, cuando, en el contexto de la renegociación de tarifas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Carso Energy obtuvo un contrato para el transporte de gas natural. Ese mismo año, CICSA logró un contrato con Pemex por 69 millones de dólares para la construcción de infraestructura marina en el complejo Ku Maloob Zaap, uno de los activos petroleros más importantes del país.
Aunque el empresario ya había participado en contratos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, fue con la llegada de la llamada Cuarta Transformación cuando su presencia en el sector energético se aceleró de manera notable.
Mientras compañías internacionales como ExxonMobil, Chevron y Shell mantienen en pausa nuevas inversiones en México, a la espera de definiciones en torno al T-MEC, Slim ha optado por reforzar su apuesta en los hidrocarburos. En conjunto, ha comprometido alrededor de 10 mil 500 millones de dólares en proyectos estratégicos, concentrados en yacimientos de alto potencial, en un momento en que Pemex enfrenta una deuda que supera los 100 mil millones de dólares.
En este contexto de fragilidad financiera de la petrolera nacional, Carlos Slim no solo se consolida como uno de sus principales contratistas, sino como un aliado indispensable para sostener la producción y la infraestructura del sector energético mexicano.
La estrategia de diversificación del empresario en energía se gestó desde 2013, cuando identificó la necesidad de fortalecer sus negocios en construcción e infraestructura con un enfoque claro en los hidrocarburos. Para ello, separó a Grupo Condumex de CICSA, con el objetivo de crear unidades más especializadas. Un año después, en mayo de 2014, bajo el esquema de apertura de Pemex impulsado durante el gobierno de Peña Nieto, su empresa GSM obtuvo un contrato de perforación direccional por 88.7 millones de dólares, mientras CICSA se consolidaba como el brazo ejecutor en ductos y plataformas.
Durante ese periodo, las empresas de Slim mantuvieron su presencia en terminales marinas y redes de infraestructura. Con la llegada del gobierno de López Obrador y su política de soberanía energética, el repliegue de petroleras extranjeras abrió espacio para que el empresario fortaleciera su posición. En 2019, CICSA, en consorcio con Permaducto, obtuvo un contrato superior a 2 mil 400 millones de pesos y 191 millones de dólares para la construcción de las unidades marinas Maloob-E y Maloob-I, en el complejo Ku Maloob Zaap, en el Golfo de México.











