Dicen que Dicen 04 de febrero 2026

Entre renuncias de utilería, soberanías con jamón, santos bravucones y alianzas de café, la política potosina sigue prometiendo mientras el ciudadano observa.

Renuncia de utilería

DICEN QUE DICEN que el chisme de la semana —ese que juraba que a Ricardo Monreal ya lo estaban mandando a la banca— duró lo que dura un suspiro en mañanera. El propio Monreal salió a sofocarlo con agua bendita y frase de calendario: “nadie es indispensable”. Y dicen que ahí empezó el numerito: se vistió de humilde para decir, en realidad, que a él no lo corren… él se va cuando quiere. Que tiene la renuncia lista, los cajones vacíos y la foto familiar bajo el brazo, por si hay que levantar campamento cuando suene la flauta. Jura que Adán Augusto López no estorba, que no es piedra en el zapato, aunque muchos comentan que más bien es un ladrillo grande, bien puesto y al que todos rodean con sonrisa nerviosa. Entre líneas se huele un adiós con perfume caro: se despide cuidando que los que lleguen no le cambien los muebles que nunca terminó de acomodar. Al final, Monreal aplica el viejo truco del político curtido: convertir la salida forzada en gesto histórico y todavía pedir aplausos…

Soberanía con jamón

DICEN QUE DICEN que para salvar la sacrosanta soberanía, la muchachada morenista potosina montó su cumbre geopolítica en la plaza de Aranzazú, con logística de mitin y espíritu de kermés. Dicen que el pueblo llegó en caravanas de autobuses, respondiendo al llamado de la patria con el protocolo inquebrantable de degustar tortas de jamón, aguas del Costco y una bolsa de tachitos, todo mientras inhalaban el incienso purificador de la lucha antiimperialista, como si así los ahí presentes ahuyentaran la corrupción y el huachicol. Cuentan los que asistieron que Rita Ozalia, con voz firme y frase redonda, proclamó que la soberanía “se construye con el pueblo”, y el pueblo obedeció construyéndola a mordidas, entre bailables, consignas y el sagrado vaso de unicel. La escena fue tan épica como doméstica: una defensa nacional hecha de media rebana de jamón, una de jitomate, coreografías al ritmo de cumbia rebajada y eufóricos gritos antiinjerencia que hasta el mismo viento se tomó en serio. Al final, entre el humo del incienso y el frutsi de naranja, quedó claro que la patria aguanta todo, menos una indigestión colectiva, porque aquí, dicen, el mayor riesgo para la soberanía no es la CIA, ni Trump y mucho menos la ultraderecha conservadora, es un bolillo duro con jamón del más barato y mayonesa caduca

Discursos gordos, mítines flacos

DICEN QUE DICEN que tras el mitin dominguero de Morena para “defender la soberanía” —donde, según los que cuentan sillas, había más consignas que gente—, el priista Micalco Méndez salió con un discurso largo y espeso como mole recalentado. Arremetió contra la “Ley Maduro”, pidió seguridad con fórmulas ya conocidas —comisiones, agendas, diagnósticos que duermen en el archivo muerto— y de paso recetó soluciones para todo: hospitales privados, autismo, sustitución de importaciones y hasta menos impuestos. Todo bien peinado con palabras grandes: “institucionalidad”, “propuesta”, “compromiso”. Uno casi se deja llevar, hasta que recuerda que ese mismo partido diseñó las instituciones que hoy presume rescatar. Al final, entre mítines flacos y discursos gordos, queda claro que las palabras en boca de un político se inflan fácil y valen cada vez menos

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Devoción a coscorrones

DICEN QUE DICEN que los santos patrones de Ahualulco este año salieron más bravos que milagrosos. Cuenta el rumor —ese que corre más rápido que la banda— que bastó una chispa entre dos fulanos, un trago mal cobrado y una mirada atravesada para convertir la fiesta patronal en campo de batalla. En segundos hubo estampida, la música se volvió griterío y la seguridad prometida por el alcalde se evaporó como promesa de campaña. Hoy las autoridades guardan un silencio de misa mayor: no dicen cuántos ojos morados hubo ni si alguien terminó a la sombra. No hay saldo oficial ni saldo real. Lo único cierto, comentan, es que en Ahualulco ir a la fiesta del santo patrono ya no es solo un acto de fe, también de mucha valentía

La política del quizá

DICEN QUE DICEN que en San Luis Potosí la política volvió a hacer lo que mejor sabe: café, sonrisa para la foto y cuchillo debajo de la mesa. La reunión entre Ricardo Gallardo Cardona y Rita Rodríguez activó el clásico coro de interpretaciones a modo. Marco Gama la vendió como abrazo de Año Nuevo, de esos con lista de agravios pendiente; el Partido Verde, en voz de Héctor Serrano, habló de lealtades nacionales que deberían copiarse en todo el estado; y Carlos Arreola, desde Morena, sacó la baraja moral: encuestas, institucionalidad y el miedo a la perredización, mientras presume que los mejores perfiles —casualmente— siempre están en su partido. Entre “nos la echamos solos”, amistades que no comprometen y alianzas que esperan turno, el mensaje real es claro: aquí nadie se casa, todos se prometen, y al final San Luis verá si el amor dura más que la foto o si, como siempre, el romance termina en pleito y en la boleta

Porque en San Luis Potosí y en México, siempre habrá alguien que diga que dicen… y casi siempre, tendrá razón.

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