EU acelera golpes a cárteles con nueva célula de inteligencia en tiempo real

La NIFC coordina agencias civiles, militares y financieras para atacar al crimen transnacional.

Washington, Estados Unidos.- Los golpes contra los cárteles mexicanos de la droga en Estados Unidos ya no se miden en semanas ni meses, sino en minutos. Detrás de esta capacidad de reacción inmediata se encuentra la Célula Nacional de Fusión Interinstitucional (NIFC, por sus siglas en inglés), un nuevo engranaje de inteligencia que ha transformado la forma en que Washington enfrenta al crimen organizado transnacional.

La NIFC opera dentro del Centro Nacional de Contraterrorismo y se ha convertido en una de las herramientas más relevantes del gobierno del presidente Donald Trump para responder a amenazas complejas como los cárteles de la droga, redes de financiamiento ilícito y estructuras vinculadas al terrorismo.

Su diseño responde a una estrategia integral de Estados Unidos para unificar el trabajo de fuerzas del orden, fuerzas armadas y comunidad de inteligencia, rompiendo con la separación histórica entre análisis estratégico y operaciones en campo. El objetivo es claro: producir inteligencia útil de inmediato y convertirla en acciones concretas.

De acuerdo con cifras de la Dirección Nacional de Inteligencia (ODNI), los operativos impulsados por esta célula han facilitado más de 3 mil detenciones y la incautación de más de 70 toneladas de narcóticos. Aunque su existencia fue confirmada públicamente hasta octubre de 2025, su impacto ya representa un cambio estructural en la arquitectura de seguridad estadounidense.

El eje central de la NIFC es la llamada “inteligencia accionable”, basada en el procesamiento en tiempo real de información proveniente de múltiples agencias federales, entre ellas la Agencia Central de Inteligencia, el Buró Federal de Investigación, la Administración para el Control de Drogas, el Departamento de Seguridad Nacional y la Agencia de Seguridad Nacional.

Personal especializado en análisis de datos y herramientas de inteligencia artificial convierte flujos masivos de información en instrucciones operativas precisas, lo que permite decisiones rápidas y efectivas contra objetivos criminales.

Para el consultor en seguridad Alberto Guerrero Baena, este modelo representa una referencia directa para México. Señala que la NIFC integra no solo a policías y agencias de inteligencia, sino también a instituciones financieras, un elemento clave para golpear las estructuras económicas del crimen organizado.

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El diseño intelectual de la NIFC corresponde a Tulsi Gabbard, titular de la ODNI y asesora principal del presidente Trump en materia de inteligencia y seguridad nacional. Desde esa posición, Gabbard coordina un aparato que incluye centros especializados en contraterrorismo, contrainteligencia, amenazas cibernéticas e influencia extranjera.

Durante una reunión celebrada a finales del año pasado con Trump y el gabinete de seguridad, Gabbard detalló los principales logros de la Célula de Fusión, varios de ellos vinculados directamente con organizaciones criminales mexicanas. Entre los casos expuestos, destacó el apoyo para la captura de un jefe del cártel de Sinaloa, conocido como “El Pato”, en Ciudad Juárez, así como la detención de sus principales operadores financieros.

También mencionó la colaboración con el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos para arrestar a otro integrante del mismo cártel, responsable del tráfico de grandes volúmenes de cocaína, y la provisión de inteligencia que condujo en México a la detención de “La Diabla”, una traficante de bebés vinculada al CJNG, cuyo esquema criminal incluía prácticas médicas ilegales y comercio de recién nacidos.

Según la ODNI, el propósito central de la NIFC es eliminar los compartimentos aislados de información, garantizar un flujo constante de datos entre analistas y operadores, y evitar los vacíos de coordinación que históricamente han debilitado la respuesta del Estado frente a amenazas complejas.

En palabras de Guerrero Baena, la Célula de Fusión no solo reduce rivalidades institucionales entre agencias como la DEA, la CIA y el FBI, sino que integra a policías locales, inteligencia militar y autoridades financieras, enviando un mensaje contundente sobre la importancia de la coordinación, especialmente hacia países como México, donde —advierte— los factores políticos aún condicionan la cooperación en materia de seguridad.

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