
El Parlamento iraní aprobó el 22 de junio la posibilidad de cerrar el Estrecho de Ormuz en represalia por los recientes ataques de Estados Unidos contra instalaciones nucleares en territorio iraní. Esta franja marítima es clave para el comercio energético, ya que por allí transita cerca del 20 % del petróleo y gas mundial.
El cierre depende ahora del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y analistas advierten que el paso podría usar minas o ataques selectivos a buques para interrumpir el flujo de hidrocarburos. Aunque una medida temporal provocaría aumentos sensibles en los precios (entre 100 y 130 dólares por barril), también perjudicaría a la economía iraní y arriesgaría represalias militares de países como Estados Unidos .
Los mercados reaccionaron con volatilidad: el petróleo Brent se ubicó cerca de 77‑80 USD por barril, y los inversionistas se mantienen alerta ante posibles interrupciones permanentes del suministro. Sin embargo, algunos expertos consideran que Irán difícilmente cierres totalmente el estrecho, dado el daño colateral a sus propias exportaciones y su relación con potencias como China.
Por ahora, la amenaza del cierre reaviva temores de una crisis energética global y tensiona la estabilidad adicional de los mercados, que seguirán pendientes de la próxima decisión del gobierno iraní.











