Sonrisa obligatoria y sin gafete
DICEN QUE DICEN que Adán Augusto López se fue solito de la coordinación de Morena en el Senado, muy digno, como quien deja el escritorio limpio y apaga la luz. Pero en los pasillos se escucha otra versión: que más bien le pidieron el gafete, le cerraron la puerta y le agradecieron los servicios. No fue sorpresa. Desde hace rato su oxígeno político venía conectado a un tanque prestado y el cochinito legislativo ya no chillaba ni para él ni para los suyos. Habló de libertad justo cuando perdió la chequera, los interlocutores y la paciencia de aliados que ya no lo querían ni para negociar una coma. Dicen los enterados que a la presidenta le quitaron un problema de encima y el Senado respiró aliviado. Que hubo empujoncitos, miradas incómodas y nadie quiso cargar con el muerto. Al final no fue renuncia, fue relevo forzado: de esos que se anuncian con sonrisa, pero arden en el ego. Y sí, dicen con malicia que la escena se disfruta. En política, cuando uno se va “por voluntad propia”, casi siempre es porque alguien más ya decidió por él…
Amparos de costumbre
DICEN QUE DICEN que volvió a salir del clóset el fantasma de la famosa “herencia maldita”, ahora disfrazado de organización civil con nombre de GPS moral: Cambio de Ruta. El objetivo es el mismo de siempre: frenar. Esta vez el blanco es el parque acuático del Tangamanga I. Ven una obra pública y, como reflejo, meten amparo. No para mejorarla, no para corregir, sino para pararla. Ya lo hicieron con el bulevar Río Santiago y con el Parque de Morales; ahora repiten la receta. Dicen actuar por principios, pero en los hechos parece más una fijación por bloquear, estirar trámites, encarecer proyectos y cansar hasta que se pierde el beneficio para la gente. Mientras juegan a los juicios eternos, la ciudad paga la cuenta: retrasos, abandono y menos espacios para convivir. Aquí no se trata de cuidar el medio ambiente ni de amar la ley, sino de impedir cualquier obra que no controlen o que exhiba años de desidia. Resultado conocido: obras paradas, enojo social y una ciudad atorada entre los que quieren avanzar y los que prefieren que nada cambie, aunque eso signifique dejar a las familias sin algo tan simple como un parque acuático…
Berrinche legislativo
DICEN QUE DICEN que en Morena, pero versión Congreso del Estado, se armó la rebambaramba por la silla más acolchonada: la presidencia de la Jucopo. De un lado, Emilio Rosas Montiel, con la lógica del “el más votado manda”, exige que el puesto sea para Roberto García Castillo y jura que el platillo ya está servido desde la cúpula. Para él, lo demás es puro berrinche que distrae de los “problemas importantes”. Del otro lado, con sonrisa educada y cuchillo en la bolsa, Gabriela López Torres reconoce liderazgos, pero lanza la pregunta incómoda: ¿y cuándo una mujer? Nunca. Dice que la paridad no puede quedarse en discurso bonito para la foto. Así, entre el “aquí mando yo” y el “también existimos”, la agenda legislativa vuelve a esperar a que los dueños del circo decidan quién se queda con la carpa…
Lencería con presupuesto
DICEN QUE DICEN que en la UASLP el escándalo ya parece comedia de enredos. Resulta que la UniTienda, bajo la batuta de Marco Antonio Aranda, se volvió el mejor cliente de la lencería Ale Cedillo: más de 2.4 millones de pesos en tangas y fajas. Se rumora —porque aquí todo es rumor— que Aranda se enamoró de la dueña y, ¡zas!, las compras se dispararon. ¿Dónde quedó tanta prenda? Dicen que ni en estantes ni en inventarios: desapareció como la transparencia universitaria. Aranda llegó sin experiencia, con sueldo de lujo y con el reloj puesto para jubilarse al cien. Y la rectoría, encabezada por Zermeño Guerra, lleva tres años esquivando auditorías como si fueran malas noticias. Ya hasta la prensa roja pregunta quién pompó la ropa interior. Lo único claro es que, mientras la universidad huye de la lupa, algunos sí se aseguraron su faja económica para el retiro. Romance administrativo, con recursos públicos…
Excusas a presión
DICEN QUE DICEN que lo del agua en la capital potosina y Soledad ya no es crisis: es rutina. Una tragicomedia mal ensayada donde cada mes se cae un pozo distinto y nadie se preocupa. En Interapas repiten la cantaleta de siempre: “falla mecánica”, como si las bombas se pusieran de acuerdo para tronar en fila —Jacarandas II, Rivera, San Ángel, Pedroza II, Central de Maquinaria— y dejar a más de 40 colonias peregrinando tras una pipa como si fuera reliquia bendita. Se dice entre algibes vaciós que el guion nunca falla: pozo caído, comunicado tibio, semanas de reparación y promesa de regreso glorioso hasta el siguiente colapso. Mientras los vecinos se vuelven expertos en tinacos y cubetas, las autoridades perfeccionan el arte de explicar lo inexplicable. Aquí el agua se va, la paciencia también, pero lo único que nunca falta es la excusa oficial, esa sí fluye puntual, sin cortes y con presión constante…
Porque en San Luis Potosí y en México, siempre habrá alguien que diga que dicen… y casi siempre, tendrá razón.
