
Ciudad de México, México.- A pesar del cruce de declaraciones ocurrido en Davos, Suiza, entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, legisladores del oficialismo mexicano consideran que la permanencia de Canadá en el T-MEC no está en riesgo y que la lógica económica terminará imponiéndose sobre las diferencias políticas.
Presidentes de comisiones clave del Senado coincidieron en que una eventual salida canadiense del tratado comercial sería un proceso complejo, costoso y con efectos negativos para toda América del Norte. Waldo Fernández, del PVEM y titular de la Comisión de Seguimiento al T-MEC, sostuvo que existe una clara voluntad de ambos países por mantener el acuerdo vigente, aun cuando la relación bilateral atraviese un momento tenso.
El legislador subrayó que el nivel de integración productiva alcanzado desde la entrada en vigor del tratado hace prácticamente inviable que alguno de los socios abandone el mecanismo. A su juicio, desmantelar cadenas de valor ya consolidadas sería un escenario poco realista y económicamente contraproducente.
Las fricciones se hicieron visibles durante el Foro Económico Mundial, donde Mark Carney cuestionó, sin mencionarlo de forma directa, el enfoque expansionista de Washington. La respuesta no tardó en llegar. Donald Trump acusó a Canadá de beneficiarse de manera desproporcionada del intercambio comercial con Estados Unidos y lanzó una advertencia pública dirigida al primer ministro canadiense.
Desde el Senado mexicano, Juan Carlos Loera, presidente de la Comisión de Asuntos de la Frontera Norte, señaló que excluir a Canadá debilitaría al propio tratado. Afirmó que el acuerdo es más sólido con la participación de los tres países y que, aunque el discurso canadiense refleja inquietudes legítimas sobre la economía global, no altera la posición ni la estrategia de México.
En la misma línea, Alejandro Murat, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, destacó que la prioridad del país debe ser garantizar que la revisión del tratado se realice con estabilidad, diálogo y dentro de los plazos previstos, para evitar sobresaltos en los mercados. Incluso, consideró que México podría fungir como un canal de entendimiento entre Ottawa y Washington.
Murat adelantó que entre enero y julio, periodo previo a los primeros encuentros formales trilaterales, México mantendrá conversaciones bilaterales con sus socios comerciales. El objetivo, explicó, será atender posibles puntos de fricción y preparar un terreno favorable para una negociación fluida.
Sobre la posibilidad de aplazar la revisión del tratado, prevista en una de las cláusulas del T-MEC, Waldo Fernández minimizó el escenario. Aseguró que se trata de una disposición administrativa común en acuerdos internacionales y no de una señal de alarma inmediata. Para México, dijo, lo deseable es avanzar cuanto antes en la revisión y reducir cualquier factor de incertidumbre económica.
De acuerdo con la American Chamber, si en 2026 los tres países no alcanzan un consenso durante la revisión del acuerdo, el proceso podría posponerse un año y repetirse de manera anual hasta por una década. En caso de no lograrse un acuerdo antes del 1 de julio de 2036, el tratado podría llegar a su término, un escenario que, por ahora, no figura en la agenda inmediata de los gobiernos involucrados.











